Un escalador argentino y uno venezolano lograron un complejo ascenso en estilo alpino a la cumbre Norte del Yerupajá, por su cara Oeste. Es la montaña más alta de la cordillera Huayhuash, y la segunda del Perú.

La vía por la pared Oeste, bordeando la arista Noroeste del Yerupajá.
La vía por la pared Oeste, bordeando la arista Noroeste del Yerupajá.

El argentino Felipe Randis y el venezolano Alfredo “Yupi” Rangel coronaron la cumbre Norte del emblemático Yerupajá (6.430 m), cuyo pico mayor de 6.617 m es el más alto de la cordillera Huayhuash, en Perú (después del Huscarán, en la vecina cordillera Blanca).

Lo hicieron ascendiendo por su cara Oeste, en una ruta que bordea la arista Noroeste de una impresionante pared de 1.200 metros de hielo, la más grande de ese país, de entre 65° y 80°, de dificultad ED/ED 1 (Extremely Difficult).

Con una superficie de más del 70% del muro de hielo cristal, Felipe y “Yupi” hicieron un total de 13 largos, ensamblando unos 400 metros, para salir a la cima. Sólo les tomó un tiempo de 28 horas entre subir y bajar.

En la década del ’80 era un objetivo bastante perseguido. Pero en realidad hace mucho tiempo que nadie la escalaba. “Después de esa época con la deglaciación ya casi no se escaló más, se puso muy difícil” comentó el mendocino Felipe Randis en diálogo con Cumbres.

La realidad es que Feli fue con la intención de escalar el Yerupajá en solitario. Estando ya en la morrena, se cruzó con una cordada proveniente de Venezuela. Hizo muy buenas migas con Alfredo “Yupi” Rangel, que venía de un intento fallido con un cliente de Japón. Tal vez por la curiosidad del encuentro (casi nadie deambula por esa zona), y además con la misma intención, decidieron encarar el objetivo juntos.

La vía

La ruta comienza propiamente en la salida del glaciar. Luego de esquivar algunas grietas, llega el momento de “montarse” a una rimaya de unos 15 metros. Allí los montañistas se tomaron el tiempo necesario para construir un pequeño túnel para poder atravesarla, ya que estaba muy desplomada, empinada y en malas condiciones.

Ese trabajo les demandó unas 3 horas hasta cruzarla. Instalaron allí una cuerda fija. Esa noche regresaron al Campo 1, lejos de los peligros objetivos de la montaña. Allí durmieron, durante todo el día descansaron y recuperaron piernas y a las 20 emprendieron la meta.

28 horas en total les demandó subir y bajar la pared del Yerupajá.
28 horas en total les demandó subir y bajar la pared del Yerupajá.

La demora y el esfuerzo de abrir la rimaya, y el descanso posterior, resultaron claves para pasar rápido el día del “pegue”. En 20 minutos superaron el obstáculo.

A partir de allí se sucedieron 7 largos de hielo cristal que van entre los 70 y los 80 grados. Posteriormente fueron necesarios 3 largos más pasando por al lado de un gran serac. Después ensamblaron aproximadamente unos 400 metros, para dar lugar a los últimos 4 largos que transcurren en unas venas de hielo que se abren camino entre los hongos propios de esa altura. De ahí ya la cumbre Norte aparece a la vista –“un pompón de nieve azúcar”-, el hongo somital que superan montándose bien a la izquierda, la salida de la pared, la cima y el logro del alto objetivo.

Yerupajá, hermoso y remoto

Yerupajá en lengua quichua significa “blanco amanecer”. Las etnias originarias la consideraban montaña sagrada, morada de los dioses.

No menos mítica fue para los andinistas que comenzaron a escalarla con asiduidad por los años ‘70 y ’80. Su altura, su lejanía, su entorno, su inaccesibilidad, la convirtieron en preciado objeto de deseo de montañistas de fines del siglo pasado.

“Es un lugar muy remoto y hermoso, espectacular” comenta un satisfecho Felipe Randis.

Alfredo "Yupi" Rangel (Ven) y Felipe Randis (Arg), cordada sudamericana con el objetivo logrado.
Alfredo «Yupi» Rangel (Ven) y Felipe Randis (Arg), cordada sudamericana con el objetivo logrado.

En las reuniones o los descansos durante el ascenso, Felipe y Alfredo tomaron fotografías y videos del impresionante entorno. La temible pared, las nieves eternas de la cumbre. A lo lejos la laguna de Jahuacocha, enfrente el cerro Rasac (6.017 m). La cordillera Huayhuash en su gran esplendor. Mucha magia, como en todo el Perú.

“Lo disfrutamos muchísimo, la ruta es hielo, hay que tirar largos y es hermoso. Fue una experiencia única” relató.

El estilo elegido por ambos escaladores fue alpino. Esto implica usar lo mínimo indispensable, la menor cantidad de recursos llevando sólo lo necesario para subir y bajar. Ligeros, intentando dejar la pared lo más limpia posible.

“A mí me importa mucho el estilo, la forma como uno va a la montaña. Hoy no hay una forma buena o mala, con oxígeno, con cuerdas, en artificial, hay muchas formas. Más allá del aprendizaje de uno en ella, es importante el estilo” definió finalmente Randis.

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