Se trata del cerro Nacimiento (6.460 m) y el nevado El Muerto (6.505 m). Ambas cumbres limítrofes no registraban ascensos en invierno.

Tránsito por la margen Oeste del glaciar del cerro El Muerto.

Tránsito por la margen Oeste del glaciar del cerro El Muerto.

La cordada compuesta por el español Arkaitz Ibarra Martínez y los argentinos Ulises Kusnezov y Matías Marín lograron una importante marca al protagonizar las primeras ascensiones invernales en dos de las montañas más altas y remotas de la Puna catamarqueña.

A primera hora de la tarde del 20 de agosto los tres montañistas llegaron a la cumbre principal del cerro Nacimiento (6.460 m), decimosexta cumbre más alta de los Andes y última del Top 20 que aún no registraba ascenso invernal alguno.

Sólo tres días antes, el sanmartiniano 17 de agosto, llegaban a la cima del nevado El Muerto (6.505 m), último +6500 sin registro de cumbre en invierno.

El enorme macizo del Nacimiento cuenta con cuatro cumbres por encima de los 6.300 metros. Curiosamente, ha sido más ascendido el pico denominado Nacimiento II (6.446 m), que la cima principal, según informa el sitio especializado estiloandino.com.

La expedición de doble propósito invernal fue concretada en estilo verdaderamente alpino, con un recorrido de más de 140 kilómetros, sin apoyo externo alguno y cargando a pulso la totalidad de equipos e insumos, en coherencia con el espíritu que los reconocidos montañistas han desarrollado a lo largo de sus frondosas carreras.

Ibarra Martínez ha logrado primeros ascensos invernales absolutos en 4 de los 20 picos más altos de América (3 de ellos superiores a 6.500 metros: Bonete, Tres Cruces y El Muerto). Además, se consolida en la especialidad invernal. Por su parte Kusnezov, de sólo 24 años, es el andinista más joven en lograr las 10 mayores alturas de los Andes, y junto a Marín siguen sumando pergaminos -también Máximo Kausch- para erigirse en los más destacados seismilistas argentinos.

Atravesando el gran valle entre el Ojos del Salado y el Medusa. Al fondo El Muerto.

Atravesando el gran valle entre el Ojos del Salado y el Medusa. Al fondo El Muerto.

“Salimos con un equipo fuerte, ha sido una linda experiencia para los tres, hemos estado todos a la par, brazo con brazo” señala Arkaitz Ibarra en diálogo con CUMBRES.

Destaca de la expedición las extremas condiciones de frío que debieron afrontar, ante lo cual propusieron “mucha energía, han sido muchos días y hemos cargado todo, por ejemplo, no hay agua por el frío y entonces llevamos mucho combustible además del material de invierno”.

La característica de esta expedición consistió en la extensísima aproximación debido a lo remoto y alejado de ambos cerros: “Salimos de muy lejos para poder hacerlo porque son montañas muy remotas, lejanas a todo, con aproximaciones larguísimas. Yo siempre he estado en contra de subir en camionetas hasta la altura”.

Los montañistas trepando el hombro del filo en el nevado El Muerto.

Los montañistas trepando el hombro del filo en el nevado El Muerto.

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