En el bicentenario del impresionante cruce de los Andes liderado por el gran estratega americano, un repaso por la planificación y logística ideada para superar el gran obstáculo.

La inmensidad de la cordillera fue el escollo a vencer.

La inmensidad de la cordillera fue el escollo a vencer.

En febrero pasado se cumplieron 200 años del Cruce de los Andes que en 1817 condujo el General José de San Martín de Mendoza a Chile con el Ejército Libertador, a fin de dar batalla a los realistas en la búsqueda de la independencia continental como parte de su Plan Estratégico.

La campaña ha sido destacada en numerosas oportunidades como una de las hazañas más intrépidas, audaces y estratégicamente brillante de todos los tiempos.

Fuera del aspecto estrictamente militar y de sus connotaciones políticas de la época, es dable resaltar aspectos logísticos y de planificación, estrategias que San Martín ideó para dar batalla primeramente a la inmensa cordillera en las condiciones reales de hace 2 siglos.

“Se hace mucho hincapié en el cruce y la finalización con la batalla de Chacabuco, pero hay que hablar del cruce como campaña militar, algo específicamente preparado cuya consecuencia fue la liberación de Chile. Sólo así puede contemplarse el genio de un tal José de San Martín” explica el historiador Esteban Ocampo, uno de los integrantes de la campaña que este año recreó el cruce respetando fielmente las condiciones de la época. (Ver aparte)

Seis columnas

San Martín diseñó la campaña dividiendo al Ejército en seis columnas en un frente de 800 kms desde el Sur de La Rioja al Sur de Mendoza, por donde cruzó el grupo más austral.

Dos de esos pasos fueron principales por donde circuló el grueso del Ejército de 2.500 hombres. Los otros pasos fueron auxiliares con columnas no muy numerosas y con intención de distraer y dispersar a las fuerzas enemigas en misiones específicas -ya en Chile- para que no dispusieran de todo el poderío en la batalla de Chacabuco.

Una columna principal avanzó por la ruta de Uspallata bajo las órdenes del coronel Gregorio de Las Heras junto a la artillería al mando de Fray Luis Beltrán. El paso, accesible y bajo, era muy usado para el comercio en la época.

La otra columna importante fue por San Juan, la ruta de Los Patos por Valle Hermoso que se dividió en Ojo de Agua y Paso de Ortiz, donde pasó parte de la avanzada, y paso de Yaretas, por donde cruzó efectivamente San Martín.

Las rutas secundarias fueron la de Comecaballos en La Rioja con el Tte. Cnel. Zelada; Guana, al Norte de San Juan bajo órdenes del Tte. Cnel. Cabot; Portillo-Piuquenes, por el valle del Tunuyán desde el Fuerte de San Carlos a la orden del Capitán Lemos; y Planchón, al Sur de Mendoza por la zona del volcán Peteroa a cargo del Tte. Cnel. Freyre.

Uno de los tantos cauces que debieron vadear en la campaña andina.

Uno de los tantos cauces que debieron vadear en la campaña andina.

Indumentaria

Los uniformes tradicionales eran de paño de algodón muy particular, un tipo de género lo suficientemente térmico para no ser muy caluroso en verano pero de buen abrigo en invierno. Por debajo de la casaca utilizaban una camisa de cuello alto y los oficiales además un chaleco.

En el caso del Regimiento de Granaderos recibieron unas chaquetas rojas cortas con piel de oveja llamadas “pellizas” que colocaban como abrigo por arriba de la casaca. También pantalones de paño negro de abrigo con refuerzo de cuero. La mayoría de los soldados llevaban ponchos cuyanos y capotes de paño con abrigado forro interior.

Los pantalones tenían un refuerzo de cuero para evitar el desgaste por el roce de la montura en el caso de los jinetes y en la botamanga para proteger la ropa de daño con los estribos.

Para mantener la temperatura de los pies cada soldado usaba “tamangos”, especie de cobertores de piel de cordero que se colocaban sobre los zapatos, comunes de cuero con hebillas, y en el caso de Infantería le llamaban botín a una polaina corta, de media caña o incluso por arriba de las rodillas, que iban sobre los zapatos.

Para sus manos llevaban guantes de paño, para sus cabezas con pañuelos cubrían la nuca y orejas, y por encima el “cubre cabeza”, gorra o sombrero, especie de boina que portaban en época de instrucción en el cuartel. En otras unidades eran birretes con manga que caía hacia uno de los hombros.

Los regimientos vestían tres uniformes: el de cuartel, el de campaña o combate, y el de desfile o de gala, este último el más vistoso. El que se usó para el cruce fue el de combate.

Por las noches se armaban carpas de paño reforzadas muy sencillas en menos de 3 minutos. Tenían cuatro parantes y dos vientos, uno adelante y otro atrás. En cada carpa entraban de 2 a 3 soldados y como camas usaban las monturas individuales, pellones y mantas, e incluso la silla servía de almohada. Se cubrían con el mismo abrigo de cada uno.

El primer gran desafío de San Martín fue vencer a la naturaleza.

El primer gran desafío de San Martín fue vencer a la naturaleza.

Alimentación

Como alimento principal para afrontar el cruce de las altas cumbres, cada soldado llevaba un trozo de charqui que molían y cocinaban rápidamente en una especie de caldo valdiviano con mucha cebolla y ajo para el mal de altura. Eran comidas al estilo carbonada o guiso suculento que aportaban proteínas en cantidad importante con la simpleza de prepararla en pocos minutos para recuperar fuerzas inmediatamente.

El Ejército llevó además 700 reses en pie que faenaban conforme avanzaban las columnas. Así se dispuso de carne fresca a modo de asado o guiso.

Pan, galletas de harina, verduras, frutos secos y una ración diaria de aguardiente completaban la dieta para evitar los efectos de la altura y el frío, pues de eso se trataba el plan alimentario de la campaña, que además resultaba en comida sencilla y rápida de elaborar.

Logística

Cada columna en su itinerario de marcha tenía minuciosamente detallada cada jornada: los puntos que debían unir, extensión en leguas, disponibilidad de agua, pasto y leña, tipo de terreno y monte. Estos datos fueron útiles para que los baqueanos regularan la marcha y así llegaran a los puntos planificados.

Las instrucciones comenzaban con el siguiente texto: “Usted va a avanzar según la prudencia, su experiencia e inteligencia que dispone para dar cumplimiento a estas órdenes”.

Las comunicaciones a través de chasquis fueron también muy importantes. Se sabe que San Martín enviaba constantes mensajes a Las Heras para que apure o retenga la marcha en función de las tácticas. En el diario de Bernardo O’Higgins, vanguardia de ruta de Los Patos, constan esas comunicaciones que le va enviando a San Martín en la retaguardia.

El concepto central del plan para cruzar los Andes consistía en minimizar cualquier problema, error o imponderable al enfrentarse con la montaña. En 1816 el Gran General le confiesa por carta a Tomás Guido que lo que no lo deja dormir no es la oposición, lo que el enemigo pueda estar preparando al otro lado, sino poder pasar esta cordillera con 5.000 hombres, y después dar la batalla.

La llegada exacta y coordinada de las columnas el 8 de febrero de 1817 a Santa Rosa de los Andes fue fruto de la precisión en las comunicaciones y la eficacia en la planificación. Eso posibilitó el logro y derivó en el triunfo militar de Chacabuco. Cruzar la cordillera habiendo cumplido con los objetivos diseñados fue la mitad de la batalla ganada.

Colaboración especial: Esteban Ocampo

El grupo que ideó y concretó una recreación histórica del cruce sanmartiniano.

El grupo que ideó y concretó una recreación histórica del cruce sanmartiniano.

UNA RECREACIÓN FIEL

Un grupo de personas que conforman el Escuadrón de Caballería Histórica cruzó en febrero pasado la Cordillera de los Andes emulando y homenajeando la gesta libertadora y exactamente en las mismas condiciones como lo hizo hace 200 años el Ejército que formó y condujo el General José de San Martín en 1817.

Sin ningún auxilio tecnológico, vestidos con igual indumentaria y durmiendo en carpas de época, el 3 de febrero de 2017 (vaya fecha) seis “recreadores”, un camarógrafo, tres baqueanos que transitaron por el lado argentino dieron el paso inicial  desde la localidad sanjuanina de Tamberías para concretar un sueño y una hazaña que vienen planificando desde finales de 2015.

La preparación incluyó mucho entrenamiento personal, chequeos médicos constantes, práctica de cabalgatas, todo para poder afrontar de ocho a diez horas de marcha montada todos los días en alturas superiores a los 3.500 metros.

Utilizaron ropas confeccionadas con las mismas telas que usaron en el Ejército sanmartiniano, iguales carpas, mantas, utensilios como faroles, velas, sables, todo derivado de una profunda investigación histórica para reproducir la gesta de manera fiel.

Las monturas hicieron las veces de camas por las noches,  y el mismo poncho de abrigo fue manta para intentar dormir en medio del implacable frío de la cordillera.

Pablo Zamprogno, Esteban Ocampo y su hijo Martín (10), Javier Madariaga, Guadalupe Strada y Daniel Gwaszdac son los integrantes de la Agrupación Recreadores del Escuadrón de Caballería Histórica. El itinerario fue aproximadamente el que realizó la columna liderada por el Tte. Cnel. Juan Manuel Cabot en 1817, por el Norte de la provincia de San Juan conocido como paso Guana. Tras seis días de travesía pasando por La Vega Grande, Los Azules, Los Esteros de la Mula y La Cuesta, llegaron al “Paso del Gordito” donde autoridades chilenas de Monte Patria y Ovalle los recibieron para cruzar la frontera. Luego vinieron Las Ramadas, Tulahuen, Huana, Monte Patria, Ovalle, Barraza y finalmente Coquimbo y La Serena, objetivo final de la gran empresa, siempre recibidos por los pueblos con gran algarabía y emocionado reconocimiento.

El objetivo de la iniciativa consistió en vivir el cruce de los Andes tal como lo vivieron los soldados de San Martín hace 200 años. El resultado, en la evaluación hecha por sus protagonistas, fue altamente satisfactorio y un motivo de mayor admiración por aquellos hombres que en 1817 acompañaron al Libertador.

EL GENIO DE SAN MARTÍN PARA ENFRENTAR LA CORDILLERA
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