Tomar mate es una singular costumbre argentina, uruguaya, paraguaya y de otros pueblos sudamericanos y del mundo.

Ilex Paraguariensis, la yerba mate, es un arbusto perenne que se cultiva en Misiones y la Mesopotamia argentina, Uruguay, sur de Brasil y Paraguay.

Cuando el conquistador Domingo Martínez de Irala en 1554 explora las tierras del Guairá, le llama la atención la talla, físico y buena salud de los nativos guaraníes. El secreto: bebían habitualmente una infusión de hojas del árbol caá, en calabazas y usando un canuto para succionar. Según la mitología, su Dios Tupá concedió ese árbol a sus antepasados payés como don de salud y vigor.

El mate es amigo sincero a quien el gaucho contaba sus penas. Es el mate en soledad. Reflexionar mirando el horizonte dando pequeñas y espaciadas chupadas a un cimarrón (mate amargo) es un placer inefable.

Esa sensación especial se repite después como ceremonia. Una mateada en rueda de amigos es un acto ritual. El que ceba amanceba, atrae, seduce, hace amigos. Por eso es cebar y no servir.

El cebador no deja hervir nunca el agua, sólo a 75°. Sin la bombilla, lentamente echa yerba nunca más de tres cuartos de la capacidad de la calabaza. Después tapa el mate con la palma de la mano, y boca abajo lo sacude para que la yerba fina quede arriba y la gruesa abajo, para evitar que se tape. Echa el agua al mate y siempre deja un pequeño espacio para que la elegante espuma se muestre sin desbordarse. Introduce lentamente la bombilla tapándole la punta con el pulgar para que el aire no se desaloje y sin revolver (el mate nunca se revuelve), la bombilla queda en una posición y no la mueve más.

El ritual obliga al cebador a tomar el primero que no está estabilizado, tiene polvo y fuerte sabor. Es un acto galante.

El mate se toma de a sorbitos cortos, se saborea. Se conversa con él en la mano y se toma el tiempo justo para terminarlo. Se pasa de mano en mano por riguroso turno, en el sentido de las agujas del reloj. Cuando las ruedas de mateadores son grandes siempre algún oportunista se cambia de lugar para saltear turnos. Los gauchos lo llamaban “pialador de mates”.

EL MATE, COSTUMBRE ARGENTINA
4.7Nota Final
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