Cada vez son más los profesionales locales que en contra-temporada guían expediciones alrededor del mundo.

Pablo Goldengruss nació en La Plata, Buenos Aires, hace 38 años. Vive en Mendoza hace 15 donde estudió y se graduó como guía de trekking. Además es instructor de ski. Integra junto al guía de montaña mendocino Vicente Miguel “Miki” López la empresa Tierra Explora Expediciones.
Pablo y Miki han guiado a infinidad de clientes a la cumbre del Aconcagua y de otros cerros de la cordillera mendocina y argentina.
Su experiencia ganada y su trabajo reconocido lo llevaron a Pablo en los últimos años a ser convocado por sus clientes para guiarlos en montañas fuera del país. En 2015 lideró una expedición a una de las Seven Summits más codiciadas: el Kilimanjaro, en Tanzania, el cerro más alto de África, que coronó con cumbre.
Este agosto hizo lo propio con su cliente Valentín Bueno en el Elbrus (5.642 m), en el Cáucaso ruso cerca de la frontera con Georgia. Ya va por su tercera Seven Summit como guía, y su carrera profesional comienza a perfilarse en tales lides.
No es el único caso de guías formados en Mendoza. Muchos son muy reconocidos fuera del país, han causado grata impresión en quienes contrataron sus servicios, fundamentalmente en Aconcagua, y cuentan con gran solidez en su oficio. Por eso en los últimos años es habitual que conduzcan expediciones en montañas lejanas. Los 8 miles del Himalaya, las Seven Summits de los 7 continentes, la cordillera blanca en el Perú. No hay desafío que un buen guía formado en Mendoza no pueda afrontar con profesionalismo y seriedad.
Es además una excelente oportunidad de poder trabajar durante todo el año, aprovechando las temporadas altas en ambos hemisferios. Esta continuidad no solo estabiliza sus economías sino también los mantiene en actividad permanente, en crecimiento en experiencia y saberes.
Mendoza confirma así que es un verdadero polo de montaña en casi todas sus facetas. Partiendo de la bendita presencia en estas tierras del gran Aconcagua, nuestra Seven Summit se complementa con calidad y cantidad de guías profesionales, con evidente buen nivel académico de instituciones formadoras, con la labor de otros profesionales con incumbencia como médicos de altura, patrulla de rescate, guardaparques, prestadores de servicios, porteadores, arrieros, con la variedad de servicios laterales para la práctica segura del andinismo, etc.
Quizás falte un apoyo más decidido y orgánico del Estado, estructuras arcaicas y carentes de compromiso en cada estamento, funcionarios escasamente preparados que corren detrás de los problemas. El Estado es una pata muy importante para el definitivo despegue de Mendoza como centro referente de montaña, y su aporte fundamental es el que aún se espera.

El sueño hecho realidad: Pablo y Valentín en la cima del Elbrus.

El sueño hecho realidad: Pablo y Valentín en la cima del Elbrus.


El techo de Europa

Pablo y su cliente Valentín llegaron tras de 22 horas de vuelo a Moscú, donde permanecieron dos días, lo aconsejable. Luego volaron a Mineralyn Vody, y de ahí 2 horas en auto hasta la pequeña villa de Cheget.
Allí se sumó a la expedición el guía local Andrey. Esta decisión se fundamenta en la importancia de contar con un intérprete para que agilice la resolución de eventuales problemas, más en un lugar donde prácticamente nadie habla inglés y mucho menos español.
“Ese día caminamos un poco y vimos por primera vez el Elbrus, a lo lejos, su cumbre Este y nuestro objetivo, la Oeste” recuerda Pablo.
El Elbrus está situado en un Parque Nacional de reciente creación, y aunque se cobra un acceso de u$ 20, no hay por el momento cartelería, guardaparques, gestión de basura, por ejemplo. Están recién en la etapa de organización. En la zona hay bosques hasta los 3.000 metros y varios centros de ski.
Día 1: Desde la cara Sur accedieron al campo base en un teleférico o cable way que los llevó hasta el refugio dispuesto, una especie de container bastante cómodo. La jornada fue de caminata y aclimatación, ya en el Elbrus, con una excepcional vista 360° del Cáucaso.
Día 2: La idea era ascender a 4.800 metros para aclimatar y probar el equipo y regresar al base. El camino resultó fácil siguiendo la huella de los snow cars que pasean turistas y asisten a montañistas. Fuera de ella puede aparecer alguna grieta pues desde el inicio hasta la cumbre el tránsito es por un glaciar. El trek llevó unas 4 horas de subida, un breve descanso y un retorno algo más lento de lo esperado, deslumbrados por el paisaje. De vuelta en el base la esmerada cocinera Olga los esperó con espectaculares sopas y comidas típicas rusas.
Día 3: En el día de descanso ya a las 8 el grupo se puso en movimiento, bien desayunados, pues arriba de un glaciar hay que moverse temprano. Tras una caminata de 40 minutos ubicaron una buena pendiente para practicar autodetención y cuerda corta, ya que la decisión era llevar al cliente encordado a determinada altura.
Día 4: Día de cumbre. A las 00 AM del 22 de agosto, con ánimo inmejorable, el equipo comenzó a preparase para el gran día. El desayuno una hora después y a las 2 AM un snow car los llevó hasta el inicio del camino mismo a la cima. Había pronóstico de mal tiempo para la tarde pero a una hora en la que ya estarían de vuelta en el hotel de Cheget.
Dos horas y media se llevó el tránsito por la travesía que los condujo al col que conecta las cumbres Este y Oeste, a 5.300 metros, en una encrucijada de caminos que se separan y juntan. El ritmo era bueno y todos los integrantes de la expedición se manifestaron en buenas condiciones. A las 5:30 AM estaba increíblemente despejado y comenzó a clarear.
A partir de ese momento siguieron el ascenso encordados. Al cabo de hora y media y luego de un descanso afrontaron un cambio de pendiente corto e intenso. Había que enfocarse, la altura se hacía sentir, el clima era inmejorable y el horario también. “A tomárselo con calma. Paso, respiro, paso, respiro, y así hasta la cumbre” arengaba el guía.
A los 40 minutos apareció la cumbre a la vista y las lágrimas de emoción no pudieron contenerse. Faltaba al menos otra media hora. El equipo estaba entero.
Por la altura y por las lágrimas el remonte final fue costoso. Y el premio mayor: la cumbre, la tercera de las Seven Summits. Abrazos, risas, lágrimas de felicidad, fotos, videos, agradecimientos. Y 100% despejado. Más no se podía pedir.
El trabajoso descenso parecía un regalo, pero no lo fue. El tiempo y el clima acompañaban y luego de una hora y media arribaron al col donde se desencordaron, descansaron, se hidrataron y continuaron la bajada.
A 4.800 metros las motos de nieve los llevaron hasta el base en 10 minutos de vértigo increíble. En el campamento siguieron los festejos con exquisita comida de Olga. Tras preparar el equipo, abordaron el cable way que los llevó a Cheget, ya pensando en la próxima aventura.

La recta final en busca del techo de Europa.

La recta final en busca del techo de Europa.

Comparativos

El clima en verano es muy variable, puede haber días de cumbre de -20°C o mucho mejores. Desde el punto de vista climático el Elbrus es más accesible que el Aconcagua, pero mucho menos que el Kilimanjaro, donde no se necesitan ni botas dobles ni grampones.
El Aconcagua es una montaña de 15 días promedio, el Kilimanjaro es de unos 8 días y el Elbrus un monte de 7 días de expedición aproximadamente.

MENDOZA EXPORTA EL PROFESIONALISMO DE SUS GUÍAS DE MONTAÑA
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