No muchos saben que en el gran Aconcagua, científicos mendocinos desarrollan interesantes estudios glaciológicos y geomorfológicos del cerro, sus ambientes periglaciales y los ambientes cercanos en la cuenca del río Mendoza.

Luis Lenzano es un científico dedicado a la Geodesia, una muy antigua ciencia que estudia la forma (y deformación) y dimensiones de la Tierra. Es responsable de ese área en el Instituto de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLIA) dependiente del CONICET. Y además dicta dos cátedras en el Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, y es coordinador por esa casa de estudios del Centro de Estudios de Ciencias de la Tierra.

Dentro de su ámbito de trabajo, Luis conduce los estudios que el IANIGLIA viene desarrollando en la cuenca del río Mendoza desde la década del ’70, dentro de un programa llamado SIGMA, Sistema de Investigación Geodinámico del monte Aconcagua, financiado por CONICET y el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación. Las investigaciones se remiten puntualmente a la geodinámica de los cuerpos de hielo existentes en la pared Sur, Horcones inferior y superior, Polacos, y de otros glaciares fuera de Aconcagua en los ríos de Las Cuevas y Plomo principalmente.

También, asociados con otros grupos de científicos, abordan la problemática de deslizamiento de laderas. Y vinculados a proyectos internacionales de la National Sciencie Foundation y la Universidad de Memphis, en E.E.U.U., estudian la deformación cortical de la superficie en los Andes centrales, particularmente en Aconcagua con mediciones por GPS de altísima precisión, a lo largo de toda la Cordillera.

En el estudio de los glaciares, Luis Lenzano explica que en el área de Aconcagua “hay diferentes tipos de cuerpos de hielo definidos por su geoforma y por cómo están visibilizados. Hay glaciares de circo en las nacientes del río Horcones superior, el cerro Cuerno y toda esa estructura, hay glaciares colgantes en la pared Sur que los vemos habitualmente, tienen movimiento y caen grandes bloques por gravedad al fondo del valle y generan un glaciar reconstituido que es el Horcones Inferior, que tiene otra dinámica”. Y afirma que cada glaciar “de acuerdo a cómo está inserto en el territorio tendrá comportamiento diferente”.

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Desde Plaza de Mulas hacia la cumbre. Al fondo el glaciar del cerro Cuerno.

Para Luis, los glaciares de nuestra cordillera están en un franco retroceso: “Desde 1981 recorro la zona y realmente es importante. Depende de varios factores: aumento de temperatura, bajas precipitaciones, o mucha precipitación pero luego veranos muy calientes donde todo se va”.

Para el estudio de la deformación de la corteza terrestre, nuestro científico nos informa que se usan dos tipos de mediciones: “Estaciones GPS continuas que nos permiten tener un valor cada 15 ó 20 segundos distribuidas a lo largo de la cordillera; y puntos semicontinuos que se miden, programados, durante un par de días, todos los años, en una época determinada. Esta red se procesa y se ve de forma relativa (no hay valores absolutos) cómo se va deformando”.

En Aconcagua hay dos estaciones continuas que miden esos valores: una en Nido de Cóndores (5.380 m, la más alta del mundo) y otra en Puente del Inca. Y en la cumbre del Aconcagua (6.960 m) hay un punto semicontinuo que se mide cada dos años. “La idea es determinar que este coloso, esta masa que aflora sobre la superficie terrestre también tiene una raíz, es como un iceberg, son 3 a 4 veces la altura que es lo que se introduce en la corteza terrestre. Estamos viendo qué movimiento tiene dentro de la corteza y eso explicará cómo el cerro se ha elevado en casi 1800 metros más que los cerros circundantes” concluye Luis Lenzano.

Científicos estudian los glaciares del Aconcagua
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