Camino a Chile, por la ruta internacional N° 7, se alza un pequeño lugar con grandes sorpresas: Mundo Perdido, un pintoresco complejo que esconde en su interior un Museo, Hostel, Bar y actividades de montaña.

En la localidad de Penitentes, departamento de Las Heras, junto a la inmensidad de la montaña, sus dueños, el matrimonio de Fernando Palma y Araceli Pelegrina, relatan su experiencia.

“Comenzamos con este proyecto hace dos años – cuenta Fernando-, nos instalamos con la familia buscando la tranquilidad de la montaña, con la idea de ofrecer al turista un lugar cálido y confortable, con aire hogareño y gusto a casero”.

Y la verdad es que lo logran. El complejo presenta una amplia variedad de actividades. Un interesante y original museo que sintetiza la historia de Mendoza, su arqueología y minerales, inicia el recorrido. También cuentan con un pequeño hostel construido sobre la vieja estación de ferrocarril que recuerda a los antiguos refugios de montaña, y completa la oferta de atracciones un pequeño bar, ideal para degustar excelentes vinos, jamón crudo y cocina casera.

A esta atractiva propuesta se suman las actividades de montaña. Junto a Daniel Pizarro, reconocido guía de Aconcagua, conforman un equipo que ofrece actividades invernales para toda la familia: caminatas con raquetas de nieve, construcción de iglú, alquiler de trineos y para quienes disfrutan de los deportes extremos cursos de escalada en hielo, ascensiones al cerro Penitentes y a la cumbre de América, el cerro Aconcagua.

“En cada temporada vamos agregando nuevos servicios para que quienes nos visitan se sientan a gusto -comenta Araceli-. Este año inauguramos el salón de arte y diseño con varios artistas y artesanos locales que exponen aquí. Realizamos muestras de audiovisuales, fotografía y video y también decoramos el lugar con murales. Es nuestro pequeño aporte a la cultura de montaña”.

Mundo Perdido, en el km 1210 de la ruta 7, es un cálido y confortable espacio en el corazón de la Cordillera mendocina, donde las actividades para hacer en familia y la calidez de sus dueños convierten al recorrido en una experiencia inolvidable.

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