En la edición de CUMBRES del otoño pasado se dio cuenta de hallazgos arqueológicos en un alero a la vera del río de Las Cuevas hechos por el equipo del Laboratorio de Paleoecología Humana compuesto por investigadores, doctores, docentes y estudiantes del CONICET y de la Universidad Nacional de Cuyo, y que gracias al aporte de la Municipalidad de Las Heras están estableciendo una sede Museo en la cordillerana localidad.

Este verano, el mismo equipo, a cargo del Dr. Víctor Durán, abordó el estudio de otro alero, esta vez situado hacia el Sur de Las Cuevas, a pocos metros del Museo, al pie del cerro Santa Elena. Y lo descubierto hasta ahora es más sorprendente aún.

El alero seleccionado para el estudio. Al fondo, Las Cuevas.

El alero seleccionado para el estudio. Al fondo, Las Cuevas.

Lo constatado el año pasado reveló la presencia de ocupaciones bastante tardías en contextos de material incaico, restos de cerámicas, maíz, etc., una temática que se viene trabajando desde el Norte de San Juan hasta Neuquén sobre cómo distintas sociedades hicieron uso de la cordillera, pastores y agricultores de hace probablemente unos 4.000 años.

Pero en este nuevo sitio en estudio se presume la presencia de “ocupaciones de cazadores y recolectores más tempranos, quizás de unos 7.000 años atrás” según puntualiza la Dra. Valeria Cortegoso, integrante del equipo y especializada en Arqueología de ambientes de altura en períodos tempranos. “En este alero este verano verificamos los contextos incaicos tardíos y luego de los 70 cm de profundidad se hallaron solamente instrumentos en piedra tallada, algunas puntas triangulares, grandes, del tipo de elementos que implicaban mayor antigüedad”.

Pese a que en estas últimas semanas el objetivo fue llegar hasta el fondo del m2 planificado, hasta llegar a la llamada roca de caja o hasta capas estériles sin vestigios de ocupación, la sorpresa fue que se llegó a 1,40 metros “y no hemos llegado al fondo del alero”. Esto implica que el año próximo se ampliará la excavación a 2 m2. El pozo ahora se cerró, se lo protegió con una tela permeable y no se tocará hasta el verano que viene.

Varias razones como la profundidad, las capas que separan de los contextos tardíos, el tipo de proyectiles y las materias primas, hacen presumir una ocupación quizás de más de 7.000 años. “Esto es muy interesante -añade Valeria Cortegoso- porque hay un fenómeno que venimos trabajando, el cambio de movilidad humana que hubo entre 7.000 y 5.000 años antes del presente, en el holoceno medio, por condiciones de aridez en una región muy grande de los Andes, con desplazamientos particulares en busca de la oferta cordillerana de agua. Es muy difícil encontrar ocupaciones humanas en ese período temprano, hay pocos vestigios pero las estamos comprobando en la Cordillera en buenas condiciones microrregionales, siempre en verano porque son sitios de más de 3000 metros”.

El minucioso trabajo de los arqueólogos.

El minucioso trabajo de los arqueólogos.

La expectativa es grande: “Será una ventanita que nos permitirá meternos en varios milenios para atrás del uso humano de los ambientes de altura. Hay microdesechos, restos de la talla del proyectil hechos en obsidiana -un mineraloide también llamado vidrio volcánico-, que en el mejor de los casos vienen de 200 km de distancia, en general al Sur de Mendoza, puntas triangulares de otras materias primas de áreas distintas a Las Cuevas, huesos de camélidos, las presas cazadas. Todo esto nos permite aventurar que estamos ante cazadores recolectores de un período bien antiguo”.

Merced a estudios muy específicos que el equipo viene desarrollando desde hace años con la Universidad de Missouri, EEUU, será posible en el transcurso del año establecer con precisión cómo se usaron esas obsidianas, quiénes las usaron, por dónde circuló y de qué fuente viene cada fragmento.

El otro objetivo antes de retomar la tarea el año próximo será “delinear la columna temporal de hasta dónde hemos llegado y la precisión de por dónde vienen estos cazadores que pararon en el alero de Las Cuevas que estamos estudiando” concluye la científica, resaltando la importancia de Las Cuevas en este contexto por estar ubicado exactamente en un paso por donde se presume que se habría producido la ocupación más temprana de la cordillera, proveniente del hoy territorio chileno.

Cazadores hace 7.000 años en Las Cuevas
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