Una verdadera Reserva Cultural al pie de los cerros de San Alberto, distrito Uspallata, Las Heras. Un Parque de arte y naturaleza que busca “ser testimonio de nuestro arte de hoy, testigo de nuestra huella actual, vigente”.

Así describe el escultor Fausto Marañón al proyecto que desde hace más de diez años lo ocupa a tiempo completo junto a sus hijas, también artistas plásticas, Yamila y Verenice.

El predio está situado sobre la ruta 39 que une Uspallata con Barreal y Calingasta pasando por las Bóvedas, a escasos kilómetros de la villa cordillerana lasherina. Allí Fausto y sus hijas, a través de la Fundación Marañón, cara legal y administrativa del proyecto, dieron rienda suelta a su gran sueño, hoy a punto de convertirse en realidad.

En una inmensa extensión de bosque nativo, estatuas de grandes dimensiones y laberintos escultóricos se vinculan con el paisaje y el espacio circundante, constituyendo obras artísticas en sí mismas que se conjugan con el sol, la luna y las estaciones, y a su vez una unidad temática global que propone una visión original, nuestra y actual del arte, de la naturaleza y de la vida misma.

En el centro del ámbito, una construcción hecha con materiales nobles y autóctonos servirá para recibir y brindar algún servicio a los visitantes del imponente museo artístico y natural. “El primer salón es la sala de la luna, es toda de vidrio, se está adentro pero el paisaje exterior está presente” define Fausto con precisión.

Mirador del Sol, por Fausto Marañon

Mirador del Sol, por Fausto Marañon

El esquema planificado consistirá en visitas de grupos previamente convenidas: “El recorrido al parque en sí mismo es largo, caminando rápidamente son 2 horas y media. Va a haber guías, con formación, porque el parque tiene que ser formador, poca gente tiene ejercicio en el arte y pienso que de alguna manera hay que formar, hacerlo didáctico. No hay que dar mucho dato tampoco, pero habrá profesionales que guiarán a las personas” explica el artista. “Es una fuerte experiencia de arte, en todo lo que se hace, en la caminata y en todo, para que la persona sienta esa experiencia artística sin dogma, religión, política, nada de energías o platos voladores. Esto es arte y naturaleza”.

-¿Por qué Uspallata, Fausto? ¿Por qué San Alberto?

-El lugar reúne las condiciones de paisaje, ambiente y soledad que necesita el proyecto. Es el lugar ideal. Es arte y naturaleza. El arte como mediador entre el hombre y la naturaleza, el puente para que el hombre salga y pase al otro lado. La obra es una excusa.

La iniciativa no solamente apunta al ámbito de la plástica sino que es más abarcativa, y aborda también aspectos literarios, de performances multifacéticas, etc. La Fundación Marañón además del Parque Cultural cuenta con un Fondo Editorial a través del cual ya ha publicado tres libros: “Guanacache, las aguas de la sed”, “El Forastero”, y “El mensaje del maíz”, un cuento corto de Gregorio Manzur.

Serpiente Lunar, Autor: Fausto Marañón, ph:Ilka Floren

Serpiente Lunar, Autor: Fausto Marañón, ph:Ilka Floren

La idea es también abrir las puertas a otros artistas para que se integren y muestren su obra. Y también utilizar el lugar como residencia temporal de artistas, escritores, fotógrafos, que en el parque encuentren su espacio y tiempo para crear.

Metamorfosis, Autor: Fausto Marañón, ph: Ilka Floeren

Metamorfosis, Autor: Fausto Marañón, ph: Ilka Floeren

Resulta imposible no entusiasmarse con las definiciones de Fausto sobre su arte y sobre la experiencia única e irrepetible de arte original y auténtico que puede vivirse en San Alberto:

“Lo míos es simbólico, escultura con un realismo mágico donde aparecen lagartos que se fusionan en hombres o los miradores de la luna con simbolismos de mujeres de grandes pechos, procreadoras, sin cabeza, que tienen la cabeza de luna cuando la luna pasa.

El mirador de la luna de primavera es una obra de 7 metros hecha en granito, de 2 toneladas con una base de 50 toneladas de hormigón armado. No tiene textura, es limpia, de forma pura, está parada en el espacio. El mirador del sol tiene lenguaje más barroco, continuando la idea pero con otros elementos que entran en el realismo mágico: serpientes, salamandras de fuego que se entremezclan con ojos y el símbolo del sol de forma dinámica; dentro de la figura hay un espacio y en ese espacio se ve el sol del año nuevo americano en junio. Tiene dinámica esa relación del arte con la naturaleza.

Son distintos paisajes en el mismo camino. Los miradores son obras grandes, de una masa importante, pero en realidad lo más fuerte de las obras es el espacio. Hay un juego: la obra en sí tiene un peso monumental, pero en realidad la fuerza de la escultura no está en el mármol, en el volumen. Está en el espacio. Se produce una alegoría con el hombre, porque nosotros somos un cuerpo concreto pero en realidad lo que actúa en nosotros no es solamente materia, actúa nuestro espacio donde se produce la alquimia de nuestra vida. Es el espacio donde aparece la luna en el horizonte, por el espacio interno de la escultura hasta que llega al círculo superior y ahí se completa la obra. En un día, una noche, o dos noches, hasta el año siguiente”.

Galería:

Para más información: Fundación Marañón

Un parque de arte y naturaleza en Uspallata
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