Uno de los mejores aspectos de la naturaleza de Potrerillos consiste en que cada una de sus estaciones se ofrece con el máximo de intensidad.

Basta recordar el invierno para revivir sus arroyos y acequias congelados a raíz de las bajas temperaturas que llegan con frecuencia a los -15º C. En tanto, la primavera y el verano nos regalan días apacibles con noches frescas.

Pero indudablemente para los que conocemos el otoño en Potrerillos, no tiene comparación.

Después de un verano con algo de calor y con los valles colmados de tránsito y turismo llega el momento de la relajación y de disfrutarlos. Y para esto Potrerillos se ofrece con sus mejores colores: los del otoño.

La clave de la estación en los valles andinos de Mendoza es básicamente que los días son más cortos, hay menos horas de luz y todo cambia, principalmente la temperatura que paulatinamente baja.

Este descenso térmico provoca que la savia en los árboles aminore su “marcha” y por eso las hojas se tornan amarillas hasta desprenderse.

Los peces en arroyos y ríos comiencen a aletargarse y prácticamente dejan de comer para pasar a un estado de hibernación en el fondo de los lechos, alimentándose de la grasa que acumularon en verano.

Es menor también la cantidad de insectos en el ambiente. Es esa la razón por la que las aves ponen proa al Norte en busca de mejores temperaturas donde encontrar alimento. Otros pájaros que en cambio en verano emigraron a las altas cumbres, bajan a los valles. Por ejemplo las catitas que bajan de la cordillera y buscan en Potrerillos  un clima más benigno que el cordillerano para pasar el invierno.

Los arroyos en otoño transcurren claros y con menor caudal dado el fin de los deshielos.

 

Las mágicas hojas

 

A medida que las casas fueron poblando los valles, con ellas llegaron los árboles. Muchos de ellos, sobre todo los álamos, cambiaron el paisaje con sus tonos dorados que contrastan con los diferentes colores del cielo y de los cerros. Caminar por las calles y senderos sobre una alfombra amarilla sintiendo en el rostro la suave brisa fresca, es un momento mágico. Bajo los pinos comienzan a crecer los hongos que acompañan a los guisos de manera exquisita.

El otoño es una excelente oportunidad para aprender a hacer tierra de hoja, más conocida como “compost”. Cuando pasamos el rastrillo por el jardín podemos colocar las hojas en un rincón del terreno para luego tirarles algo de tierra,  las mojamos bien y las cubrimos con un plástico negro para que el sol las caliente y así comiencen su proceso de descomposición. Una vez por mes es recomendable destapar el montículo y removerlo con una pala para luego volver a taparlo. Las nutrientes de las hojas descompuestas enriquecerán la tierra y es asombroso cómo al cabo de unos meses se obtiene una hermosa tierra sin rastro de las hojas. Si se tiene la oportunidad también ayuda agregarle bastante guano. De esta manera con el compost estamos aprovechando los recursos naturales que nos dan los árboles y se evita la mala costumbre de quemar las hojas, que es una práctica habitual no solamente en Potrerillos, pues se llena el aire de un humo tóxico y molesto para vecinos y visitantes, sin mencionar el peligro que significa el fuego que pueda ocasionar un accidente en una casa o un cerro.

Pasar unos días disfrutando el otoño de Potrerillos es algo inolvidable. Desde CUMBRES invitamos a todas las personas a aprovechar esta hermosa estación en familia. Tal vez con acercarnos a la naturaleza y contemplarla podamos darnos cuenta que la vida es hermosa y que depende de nosotros vivirla con serenidad  y con toda intensidad.

 

Texto: Guardaparque Andy Elías

Festival de amarillos en el otoño de Potrerillos
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