Caballo y montaña. Una conjunción perfecta y armónica que en los Andes mendocinos es posible encontrar en cada valle, en cada villa, en cada vega y en cada cerro.

Las históricas imágenes de los Generales San Martín y Las Heras encabezando, dos siglos atrás, a lomo de esbeltos equinos la emancipación de medio continente están grabadas a fuego en el mendocino de montaña. Arrieros y porteadores conduciendo caravanas de mulas también forman parte del cuadro cordillerano. Y los originarios habitantes de estos valles que supieron convertirse en diestros jinetes para recorrerlos.

Invariablemente, caballo y montaña se conciben juntos en estas alturas.

Cabalgatas para todos los gustos en la Cordillera

Cabalgatas para todos los gustos en la Cordillera

Hoy por hoy, las cabalgatas son uno de los productos más requeridos y consumidos por los miles de turistas de las más diversas procedencias que en cualquier época del año se animan a adentrarse en los misterios de cerros y valles, desde Potrerillos hasta Vallecitos, en Uspallata y Puente de Inca, en El Salto y en el Valle del Sol, en Las Cuevas. En cada localidad son varios los prestadores que ofrecen paseos a caballo, desde breves y tranquilas recorridas de media o una hora de duración hasta largas y sorprendentes travesías de varias jornadas de duración.

Por lo general es el propio baqueano el propietario de los caballos. Cuidadosamente diseña su plantel buscando ejemplares fuertes y de paso firme, pero al mismo tiempo dóciles. Con sus saberes de generaciones en el campo, por lo general es él mismo quien se encarga de amansarlos, mantenerlos y cuidarlos durante toda la vida. Esa misma sabiduría define, al momento de las cabalgatas, cuál de sus caballos se complementará mejor con cada ocasional jinete.

Las recorridas más sencillas son las más solicitadas por las familias. Para cualquier niño, su bautismo a lomo de un manso caballo será un excitante recuerdo que lo acompañará a lo largo de toda su vida.

Las travesías en cambio, para quienes buscan una experiencia novedosa y un contacto particular con la montaña, por lo general vienen acompañadas por una serie de complementos que le agregan valor al paseo. El asado criollo bajo las estrellas con un buen vino mendocino suele ser el detalle más destacado de esta modalidad.

Es habitual que para alguna expedición algo más arriesgada se prefiera a las mulas, notablemente más diestras y fuertes para recorrer a paso firme el escabroso paisaje andino, aunque su carácter universalmente conocido no siempre resulta conveniente para inexpertos. De cualquier forma, la fortaleza física del mular y su empeño denodado en los ascensos lo convierten en un animal leal y querido.

Caballos, mulas, montañas y valles. Protagonistas del gran escenario de la Cordillera de los Andes con los que el hombre puede interactuar necesariamente en forma armónica, responsable y sustentable.

Caballos y montañas, una buena combinación
4.8Nota Final
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